Crear 15.000 empleos de media y alta cualificación en el Parque Empresarial Carpetania (Getafe, Madrid) cuesta alrededor de 840 millones de euros. Lo que dichos empleos puedan reportar a medio y largo plazo a la Comunidad de Madrid, no tiene precio, aunque el retorno económico sin duda compensa en poco tiempo la inversión realizada.

Inversión que, según el Consorcio del Parque, se realizaría al 60% por parte de la Comunidad de Madrid y al 40% por el Ayuntamiento de Getafe.

El problema es que el alcalde de Getafe (PSOE) es un tipo incómodo y, para qué vamos a negarlo, demasiado vehemente y con muy poquita mano izquierda. Porque llamar tontos de los cojones a los votantes de derechas, por muy de acuerdo que pueda llegar alguien a estar con esa afirmación, no es algo que se pueda decir así, a la ligera, si eres un cargo público.

Sin embargo, cuando como represalia personal por esas declaraciones decides dejarle con el culo al aire y, de paso, dejar a esos 15.000 empleos en el aire, eres mil veces peor. Porque eso significa que te importan más las represalias personales que el bienestar de la Comunidad a la que gobiernas. Significa que te da igual que se creen empleos de calidad, si son en municipios no gobernados por tu partido. Significa que en realidad no gobiernas para todos, sino sólo para tus votantes. Significa que, en definitiva, estás ahí por el interés personal y no por lo que un político debería estar.

Significa que Esperanza Aguirre es una lich. O una leech. Según se mire.

Claro que, si nos ponemos a analizar, la conclusión es que en España no existe el oficio de político, sino una panda de corruptos que usa el eufemismo de político para definir lo que realmente son.